Preguntas a la izquierda “zombi” sobre el caso Dieudonné

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por Jean Bricmont – El 17 de mayo de 2015, Dieudonné debía representar su espectáculo La Bête immonde [La Bestia inmunda] en Bruselas. Dada la presión ejercida sobre los propietarios de las salas del espectáculo, intentó un subterfugio: hacer pasar su espectáculo por un desfile de moda. Pero este fue, sin embargo, prohibido por el alcalde de Bruselas, que se basó en la opinión de un organismo encargado de las amenazas “terroristas y extremistas” que pesan sobre Bélgica y que evaluó la amenaza que este espectáculo representaba como de nivel 3 (en una escala de hasta 4).

Pero los espectáculos de Dieudonné jamás dieron lugar a la menor perturbación del orden público, por no hablar de terrorismo. Incluso cuando ha sido prohibido, la multitud de espectadores siempre se dispersa pacíficamente, y lo mismo sucedió en Bruselas el 17 de mayo.

El espectáculo que iba a representar en Bruselas se representa regularmente en París, capital mundial de la censura políticamente correcta y de la “lucha contra el odio”. Si este espectáculo es tan peligroso, ¿por qué es autorizado en París?

Estamos frente a una censura totalmente arbitraria, que ni siquiera se atreven a asumir como tal y que ridiculiza de paso la lucha legítima contra el terrorismo. Esto es de hecho una prohibición profesional, porque el espectáculo no hizo nada ilegal y simplemente se procura impedir a Dieudonné ejercer su profesión.

No discuto aquí la cuestión de si “gusta” o no Dieudonné, sino de si gusta la arbitrariedad del poder, que es un tema diferente. Incluso si no gusta Dieudonné y sus espectáculos, e incluso si se quiere prohibirlos, podríamos indignarnos con el pretexto que ha sido invocado para hacerlo. Los partidarios de la censura deberían al menos aceptar que su herramienta favorita para “luchar contra el odio”  sea utilizada de buena fe y con respeto a los derechos individuales.

El hecho de invocar una amenaza terrorista para prohibir un espectáculo humorístico debería dar lugar a una gran protesta en cualquier sociedad cuyos ciudadanos tienen la intención de defender sus derechos y exigir que el Estado tenga un mínimo de respeto por su inteligencia.

Sin embargo, como en las prohibiciones anteriores de los espectáculos de Dieudonné, ningún componente de la “izquierda moral”, derechohumanista, pro-palestina, antiracista, laica, anticapitalista o antifascista ha emitido ni siquiera un susurro contra esta arbitrariedad. Cuando se trata de censura, esta izquierda se pone en modo zombie. Es por eso que este caso, por simbólico que sea, plantea preguntas a cada uno de sus integrantes e ilustra un punto ciego en su enfoque crítico:

– Los derechohumanistas: ¿reconocen que sus propios ciudadanos tienen derechos, en particular el derecho a elegir su forma de humor (no hablo de Dieudonné, sino de sus espectadores potenciales)? ¿Es solamente el humor a costa de los católicos y musulmanes el legítimo? ¿Son los derechos humanos algo más que un pretexto para justificar nuestras guerras e intervenciones? Probablemente me responderán que esta censura no es grave en comparación con otras violaciones de los derechos humanos. Sí, pero está sucediendo en nuestro país. Y si usted debe protestar contra la censura, sería más honesto comenzar con nuestros propios asuntos internos en lugar de interferir en los de otros Estados. A continuación, la severidad de la censura también se evalúa a la luz de la radicalidad de lo que está censurado. Si usted fue a ver el espectáculo de Dieudonné, vería lo inocente que es. Y si usted otorga al Estado la facultad de prohibir este tipo de espectáculos, ¿entonces qué queda de estas libertades blandidas como un estandarte cuando se trata de indignarse y de denunciar lo que está sucediendo lejos de nosotros?

– Los “pro-palestinos”: Dieudonné no es perseguido porque sea especialmente racista u ofensivo (en comparación con otros humoristas) sino porque molesta a los mismos grupos bien organizados que nos empujan a someternos a una política atlantista y pro-israelí. La fuerza de ataque de estos grupos se demuestra por el hecho de que puedan, en la práctica, echar al cubo de la basura nuestra Constitución (que prohíbe la censura previa). Y ante esta demostración de fuerza, ningún político se atreverá a levantar un dedo si con eso corre el riesgo de suscitar la ira de estos grupos. Es debido a este terrorismo intelectual por lo que nada se mueve en la cuestión palestino-israelí, y así continuará mientras siga existiendo. A menudo, los “pro-palestinos” consideran que Dieudonné perjudica a la causa palestina ensuciándola con su antisemitismo. Pero es un error plantear el problema: por un lado, Dieudonné habla en su nombre y no pretende encarnar una causa u otra. Por otra parte, pensemos lo que pensemos de Dieudonné, no fue él, sino la fuerza de ataque de las organizaciones que logran prohibir sus espectáculos y negar los derechos de aquellos entre nuestros conciudadanos que desean interpretar su humor en segundo o tercer grado, la que en realidad perjudica a la causa de Palestina.

– Los anti-racistas: ya que una de las principales preocupaciones de los que “luchan contra el racismo” es el aumento del antisemitismo en la población “inmigrante”, ¿de verdad creen que este tipo de prohibición hará retroceder las ideas ya bastante extendidas (y no sólo entre este tipo de población) acerca de la omnipotencia del “lobby sionista”? Una verdadera lucha contra el racismo implica poner a todas las comunidades en pie de igualdad, empezando por la libertad de expresión: o bien ni Charlie ni Dieudo, o bien los dos.

– La izquierda laica: imagine por un momento que la Iglesia Católica se las arregla para prohibir legalmente un espectáculo que no le gusta. ¿No protestaría? Y si no lo hace en el caso de Dieudonné, ¿por qué? Debemos darnos cuenta de que esta selectividad hace cada vez más impopular la laicidad  en ambientes que son sensibles a este “dos pesos, dos medidas”.

– La izquierda anticapitalista: en general, piensa que Dieudonné, así como las cuestiones de la libertad de expresión, no son importantes. Lo que importa es luchar contra el capitalismo. Bien, pero ¿cómo piensa hacerlo? Las luchas anticapitalistas van de fracaso en fracaso durante décadas: ¿podemos luchar contra el capitalismo sin plantear jamás preguntas acerca de la soberanía nacional, de la democracia (cuya libertad de expresión es un presupuesto), de la situación internacional? ¿Va a luchar contra el capitalismo haciendo caso omiso de la Unión Europea y sus tratados, de la OTAN y de la hegemonía estadounidense? Tan pronto como se toca estas preguntas, o que hablemos de Rusia, Irán, Siria, usted regresa al anticapitalismo abstracto, independiente de las relaciones de fuerza políticas y militares. Cuando uno da al Estado el derecho a decidir los espectáculos a los que podemos asistir, ¿no le damos ipso facto el derecho de controlar muchas otras cosas? Las organizaciones que promueven la censura desean, según usted, que se luche contra el capitalismo? Evidentemente no es el caso, entonces ¿por qué conceder tan poca importancia al hecho de dar a estas organizaciones el poder de decidir hasta los espectáculos que tenemos el derecho de ver? En realidad, el anticapitalismo no parece muy peligroso y no es muy censurado, en gran parte porque evita abordar la cuestión de las relaciones de fuerza no económicas en el mundo. La destrucción del estado de derecho es sólo uno de los aspectos más visibles de estas relaciones. Descuidar su importancia es demostrar ceguera y dar a sus oponentes las armas que se volverán contra usted si alguna vez se vuelve peligroso.

– Los anti-fascistas hablan sin parar de la resistencia, pero no resisten nada. Su “lucha contra el fascismo” es muy a menudo una lucha imaginaria contra todo lo que se desvía del pensamiento único en Europa, el imperialismo o el sionismo. Un principio verdaderamente antifascista es combatir los actos por los actos y las palabras por las palabras. Pero la “lucha contra el fascismo” mediante la censura y la violencia física hace exactamente lo contrario. Si un día la extrema derecha utiliza el arma de censura que los antifascistas aman tanto contra los espectáculos que estimen anticristianos, anti-belgas o anti-franceses, no habrá de qué sorprenderse.

¿No es irónico que la mayoría de las personas que son “Charlie”, o que “defienden la libertad de expresión”, a raíz de la tragedia del 7 de enero de 2015 en París, no parece darse cuenta de que la invocación de amenazas terroristas para prohibir un espectáculo plantea un pequeño problema en términos de libertades democráticas? El hecho de que nadie se atreva a abordar públicamente este tema es el mejor síntoma del clima de terrorismo intelectual en el que vivimos, y es por eso por lo que la agitación contra Dieudonné revela uno de los vacíos del pensamiento de nuestro tiempo.

Artículo originalmente publicado en Le Journal de Culture & Démocratie, No. 38

05/07/2015

(Traducción Página Transversal)

Fuente: Égalité & Réconciliation

Extraído de: Página Transversal

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