La creación del enemigo islámico en el marco de la geopolítica mundial de poder norteamericana

La creación del enemigo islámico en el marco de la geopolítica mundial de poder norteamericana

por Tiberio Graziani


«Para quien propugna una política de liberación continental, los anglo-americanos son y siguen siendo pues el enemigo principal.»

«Hoy la liberación de nuestro continente y el despertar de sus más auténticas identidades y de sus más profundas vocaciones pasa por la alianza con las franjas mejores y más válidas del mundo islámico.»


La reciente controversia sobre la peligrosidad del Islam para Europa occidental, promovida por las opiniones de Alexander del Valle y de Guillaume Faye, que Tahir de la Nive rechaza en “Les Croisés de l`Oncle Sam[1] mediante una ajustada vis polémica, abarca más niveles que es preciso distinguir entre sí y retomarlos en su justa perspectiva: la de las actuales relaciones geopolíticas entre nuestro continente y los Estados Unidos de América.


  1. LOS USA Y LA CONQUISTA DE EUROPA

Las relaciones entre Europa en su conjunto y los Estados Unidos fueron, hasta finales del siglo XIX, de mutua indiferencia. Pero a partir de los primeros años del siglo XX las relaciones comenzaron a cambiar. En efecto, de resultas de la consolidación de las teorías propaladas por el think tank constituido en el seno del grupo inglés de la Round Table y con el progresivo traspaso de los intereses financieros británicos hacia los USA, se hace manifiesto el interés expansionista de los lobbies anglo-americanos en perjuicio del Viejo Continente, delineándose por tanto una estrategia que podríamos definir ya como mundialista.

La primera intervención estadounidense en los asuntos europeos lo constituye su participación en la Gran Guerra. Al término del conflicto, los norteamericanos se imponen, con energía, en la Conferencia de París: de hecho, alguno de los principios expuestos, en aquella ocasión, por el presidente Wilson (los famosos 14 puntos) constituirán la base del Tratado de Versalles. La diplomacia americana, no obstante cierta perplejidad por parte del Senado estadounidense, contribuyó así de hecho a la redefinición de la futura Europa y además, junto a ingleses y franceses, a la planificación de las políticas neocolonialistas en el espacio geográfico de referencia del difunto Imperio de la Sublime Puerta [Turquía].

De esta forma, al término de la Primera Guerra mundial, los gobiernos de Washington abandonan de facto su tradicional política aislacionista para poner en práctica otra, intervencionista y expansionista. Esta nueva política se orienta principalmente contra Europa; su trasfondo teórico está constituido por las investigaciones y por los estudios económico-políticos del Council on Foreing Affairs (una criatura de la Round Table) sobre la interdependencia económica entre las naciones. Dichos estudios se contrapondrán fuertemente a las teorías de la autosuficiencia continental propuestas, y parcialmente aplicadas, por los regímenes totalitarios de Roma, Berlín y Moscú.

Con la derrota de las Potencias del Eje, los USA se abren definitivamente paso hacia la conquista militar y económica del Viejo Continente. Esta vez los gobiernos de Washington tienen mayor libertad de acción, dejando de estar ya subordinados a los inquilinos de Downing Street: es de hecho desde el 14 de agosto de 1941, cuando Churchill y Roosevelt firman la Carta del Atlántico, que los USA han tomado el control sobre el recién creado sistema atlántico.

Desde 1945, el diseño hegemónico estadounidense se impone económicamente, en Europa, a través del Plan Marshall, y se desarrolla políticamente, durante los 45 años de la Guerra Fría, manteniendo en un auténtico estado de vasallaje a los mayores países de Europa occidental, controlando los gobiernos nacionales y rechazando cualquier intento de escapar de la asfixiante lógica de Yalta. Así encontrarán obstáculos las políticas de apertura hacia Moscú y las orientadas a asegurar la independencia energética o la militar de los principales países de la Europa “libre”. Recordemos de pasada: la Ostpolitik de W. Brandt, la force de frappe del general De Gaulle y las tentativas de Enrico Mattei para liberar a Italia del “cartel” petrolífero anglo-americano.

Los Estados Unidos perseveran en esta estrategia exitosamente gracias también al fundamental apoyo que les suministra Gran Bretaña, único país europeo “cultural” y geopolíticamente afín a ellos.

  1. LOS USA Y LA CONQUISTA DE EURASIA

Con la caída del muro de Berlín y con el colapso de la Unión Soviética, los USA se convirtieron en la superpotencia que todos nosotros hoy conocemos.

Europa occidental según los think tank americanos asume ahora el papel de una “cabeza de puente” lanzada contra el corazón del continente euroasiático. El teórico principal de tal estrategia es el ex consejero para la seguridad nacional del presidente J. Carter, Z. Brzezinski. En su ensayo, “El gran tablero” (Milán, 1988), anticipado en el artículo “A Geostrategy for Eurasia”, aparecido en la revista del Council on Foreing Affairs, “Foreing Affairs” (76, 5), afirma de modo explícito que Europa occidental es simplemente “la cabeza de puente esencial de América en el continente euroasiático” y de forma muy realista destaca que “la apuesta geoestratégica norteamericana en Europa es formidable. Distintamente a las relaciones entre Estados Unidos y Japón, en el interior de la Alianza Atlántica la influencia política y la potencia militar americana inciden directamente sobre el continente euroasiático. En esta fase de las relaciones euroamericanas, que contemplan a los aliados europeos todavía dependientes, en gran medida, del sistema de seguridad americano, la ampliación de Europa se traduce automáticamente en una expansión de la esfera de influencia de los Estados Unidos. En ausencia de estrechas conexiones transatlánticas, por el contrario, la hegemonía de América en Eurasia se desvanecería como por ensalmo. Y esto comprometería seriamente la posibilidad de extender mucho más profundamente la influencia americana en Eurasia” (Pág.83).

El control del continente euroasiático es por consiguiente el verdadero objetivo de la política expansionista americana.

Una vez asignado el papel geoestratégico de cabeza de puente a Europa occidental, el objetivo principal de los USA es el de contener e influenciar sobre el plano militar y político a la Federación Rusa, mediante partnership creados ad hoc con los países del exbloque soviético e incluso con un acuerdo específico como el reciente tratado OTAN-Rusia.

La desintegración de los Balcanes, ansiada desde el Vaticano, desde Alemania y ejecutada desde Washington y Londres, la cuestión de Kosovo y Metohija, el apoyo al UCK, la demonización de Milosevic, así como el sostén otorgado por los USA a los terroristas secesionistas del Daghestan y de Chechenia, igual que en un tiempo se le dio a Bin Laden y los suyos contra los soviéticos durante la contienda afghana, pertenecen a la estrategia mundialista de los anglo-americanos. Así pues, en esta misma estrategia entra también la creación de la llamada “dorsal verde”. De hecho, fenómenos secesionistas, como el de Kosovo y Metohija, de Daghestan y Chechenia, antes mencionados, que estallan aparentemente en nombre del principio de autodeterminación de los pueblos o de una especifidad religiosa, en la mayoría de los casos ( a causa de su posición geoestratégica) son pretextos, que han dado y dan un sentido a la denominada injerencia humanitaria y a la tutela militar de los gobiernos de Washington y Londres, sentando además las premisas para la definición de un nuevo derecho internacional, una especie de simulacro de Ius planetario, que sancionaría la soberanía del seudo-imperio americano.

El control del continente euroasiático impone a las administraciones de Washington la redefinición de los parámetros geopolíticos en el Próximo Oriente (entra en este plano la normalización de las relaciones entre Turquía e Israel) y en Oriente.

Por lo que respecta al área de Oriente Próximo, el reequilibrio geopolítico debe tener en cuenta las relaciones privilegiadas existentes entre el gobierno israelí y los USA, y resolver cuanto antes la añeja cuestión de Irak, y seguidamente la de Irán.

Para el área oriental, contrariamente, los think tank del Pentágono prevén ya, hacia 2017 (2012 según Edward N. Luttwak), el despertar del Dragón chino. Así pues, el próximo enemigo de Occidente, verosímilmente, será China. [NdeR.- De hecho, un estudioso británico de los servicios secretos internacionales ya ha publicado un texto donde se endosa la corresponsabilidad de los atentados del 11 de septiembre a los servicios de inteligencia de la República Popular China: Gordon Thomas, “Las Semillas del Odio”, Ediciones B, Barcelona, 2002].

2.1- EL ENEMIGO PRINCIPAL Y LA TRAMPA DEL FALSO OBJETIVO

Para quien propugna una política de liberación continental, los anglo-americanos son y siguen siendo pues el enemigo principal.

Un enemigo principal que adopta estrategias diversificadas, que instrumentaliza situaciones críticas no resueltas durante años, que busca provocar divisiones entre pueblos de distintas culturas y civilizaciones. Que basa su estrategia seudo-imperial en la teoría del choque entre civilizaciones, una reactualización caricaturesca de la antigua praxis romana del “divide et impera”.

Doctrinario del choque de civilizaciones es Samuel P. Huntington, a la sazón miembro del National Security Council y actualmente en nómina del Weatherhead Center for International Affairs de la Harvard University. En realidad, lo que el autor del afortunado ensayo, The clash of civilizations and the remaking of world order, desarrolla más que un choque de civilizaciones es un enfrentamiento tribal. Hay quien se ha sentido fascinado por las teorías de Huntington y las ha tomado por aquello que no son de ninguna manera, es decir: la justificación de la agresiva política anglo-americana hacia las áreas geográficas donde residen poblaciones no occidentales, es reinterpretada a la luz de un fenómeno social interno de Europa, no político por tanto, como es la inmigración. Tal es el caso de Del Valle, Faye y Steuckers. Ellos barruntan un escenario geopolítico donde el desarrollo de un expansionismo islámico amenazaría al continente europeo. Estarían implicados principalmente los países de Europa occidental y, tras el 11 de septiembre, los mismos Estados Unidos. Sería por ello conveniente una alianza euro-americana contra los pueblos islámicos, una alianza que recuerda aquella euro-atlántica contra el oso soviético.

Semejante escenario condena a Europa a un papel de vasallaje mucho peor del que sufrimos actualmente, en razón de que las consecuencias inmediatas se traducirían en el enfrentamiento directo con poblaciones geográficamente muy próximas a nosotros y con las cuales hemos mantenido siempre relaciones de amistad, no obstante el pasado colonialista de algunos países europeos como Francia e Italia.

Como se puede ver, la solución euro-americana, propuesta por autores como Del Valle, está estrechamente conectada a la estrategia USA para la conquista de Eurasia: justifica de hecho, por parte “europea”, posteriormente la función de cabeza de puente que los estrategas estadounidenses han asignado a los países de Europa occidental y refuerza las “estrechas relaciones transatlánticas” (Brzezinski) necesarias y hasta ahora insustituibles para la política de predominio mundial puesta en marcha por la superpotencia transoceánica.

Si cayera en esta trampa, Europa cometería un verdadero suicidio, en cuanto terminaría destruyendo ese continuum geopolítico del cual es parte constitutiva y que le ha asegurado, desde siempre, su propia existencia, cultural, política y económica.

Desde el punto de vista atlántico un enfrentamiento permanente entre las naciones europeas y el mundo islámico menguaría la fuerza económica de Europa con ventaja segura para los USA que, dada la fragilidad intrínseca del Viejo Continente, se podrán imponer como defensores Europae, análogamente a como hicieron, más de cincuenta años atrás, cuando se impusieron como liberators en la cruzada contra el nazi-fascismo.

2.2 – PROPAGANDA DE GUERRA, INMIGRACIÓN E ISLAMOFOBIA

El problema de la inmigración existe y presenta múltiples problemas: sociales, convivenciales, culturales.

Pero debemos ser conscientes de que se trata de un fenómeno natural y recurrente en la historia de los pueblos, originado por causas diversas, generalmente socio-económicas, muy raramente políticas. Con una diferencia empero respecto al pasado. Ciertamente, es preciso tener en cuenta que este fenómeno, en los últimos decenios, ha adquirido unas dimensiones gigantescas a causa del desarrollo industrial del norte del planeta y el acelerado proceso de globalización de los mercados. Ello equivale hoy a un verdadero “urbanismo planetario”. Las naciones donde tal fenómeno resulta más relevante y produce mayores preocupaciones son las situadas en Europa occidental, que, desde 1989 (caída del muro de Berlín), han atravesado una fase de transición, no solo política y geopolítica, sino también económica y social. La inmigración, en el contexto de las estrategias puestas en marcha desde los gobiernos estadounidenses y desde los organismos internacionales capitaneados por las Naciones Unidas, en particular por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se convierte en un no desdeñable elemento añadido que sumar a la desestabilización de las políticas económico-sociales de los países de la Europa occidental, convirtiéndose de hecho en una fuerza de trabajo de bajo coste y constituyendo un bloque social alógeno, con los consiguientes efectos nocivos de coexistencia con los autóctonos.

A lo que resulta obligado añadir también la escasa atención que los gobiernos europeos han mostrado hacia el fenómeno aquí considerado. La superficialidad de los gobiernos europeos en materia de inmigración ha favorecido y favorece los flujos migratorios, aumentando el grado de intensidad y de penetración, hasta llegar a determinar, por un lado, episodios incontrolables de intolerancia –hasta ahora limitados y esporádicos, y en general confinados al ámbito de la reacción epidérmica a los fenómenos de microcriminalidad- y, por otro, el crecimiento macroscópico de organizaciones criminales transnacionales de sello mafioso y de carácter étnico, que ponen en peligro, de modo dramático, el control de amplios espacios territoriales (nacionales y extranacionales, como en el caso de la zona adriática) por parte de las fuerzas de policía convencionales y alimentan, mediante sus ilícitas ganancias, porcentajes cada vez mayores de beneficios para la finanza internacional, que, pues pecunia non olet [“el dinero no huele” NdRT], los tolera y por tanto legitima.

Sin embargo, la atención de autores como Faye, Del Valle y Steuckers se dirige exclusivamente hacia la inmigración árabe-musulmana, en cuanto ésta constituiría, junto a los europeos “convertidos” al Islam, una especie de avanzada o quinta columna del supuesto expansionismo islámico. Ahora bien, la realidad es muy diferente. Ante todo los inmigrantes, de cualquier raza y de cualquier fe, tienen un problema primordial: el de la supervivencia y el de la integración en los países de acogida. Problemas elementales pues, provocados generalmente por la miseria de la que huyen. Estas necesidades primarias pueden empujar ciertamente al inmigrante hacia el circuito de la criminalidad, tanto como convertirlo también en terrorista. Pero de esto a afirmar que los inmigrantes sean unos criminales o unos terroristas hay un trecho; ellos son, de modo más realista, unos desesperados, como los inmigrantes de todas las épocas. Y como los inmigrantes de cualquier tiempo se sienten atraídos por el “bienestar” y por las sociedades ricas.

Así pues, los inmigrantes no constituyen un peligro político-militar como pretenden las reconstrucciones de Del Valle, sino un factor de perturbación social, ante el cual la política democrático-occidentalista responde imponiendo el proceso de la “integración cultural”. Un proceso que se instala consecuentemente dentro de la lógica “no-liberal” y democráticamente totalitaria de la supresión de las diferencias culturales y étnicas.

Tahir de la Nive recuerda muy oportunamente que los mismos ambientes culturales y políticos a los que pertenecen o pertenecían los Faye, los Del Valle y los Steuckers habían conjeturado sobre las soluciones al drama de la inmigración y a sus efectos. Escribe en este sentido nuestro autor: “el problema de la inmigración que se implementaba en el conjunto de Europa era abordado consecuentemente y a la fórmula Con los inmigrantes; contra la Inmigración correspondía un proyecto signado a la vez de realismo y de justicia, a saber: el de una cooperación entre una Europa finalmente libre para elegir y los países del Tercer mundo, con el fin de trabajar por su desarrollo en el respeto mutuo y la prosperidad común, lejos del modo capitalista y neo-colonialista, por no decir neo-esclavista, actual. Reestablecer el equilibrio Norte-Sur, crear en los países en vías de desarrollo condiciones de existencia dignas para sus pueblos, significaba en un primer momento frenar la inmigración, para después formular las condiciones de una política de retorno. La cuestión no era excluir sino liberar; no de xenofobia sino de fraternidad entre los pueblos. En primer lugar, de dotar a todos del derecho primordial de prosperar sobre su tierra y según su cultura.”

Pero ¿por qué detenerse solamente en la inmigración árabe, y no sobre otras, por ejemplo la filipina o la china o la nigeriana? Se criminaliza, en definitiva, exclusivamente la inmigración árabe. Evidentemente el objetivo de todo ello es crear una psicosis entre los europeos, crear un odio contra los árabes, inmigrantes o no.

Los árabes-musulmanes deben ser considerados, en tanto ellos son actualmente los enemigos de los USA y de Israel, y por tanto de Occidente. Se busca en resumen promover una desconfianza entre los ciudadanos europeos respecto a los árabes y a su cultura (la islamofobia que denuncia Tahir de la Nive) en el contexto de la creación de esas oportunas premisas sicológicas e ideológicas que deben servir para abrir un abismo entre civilizaciones limítrofes, con el objetivo no declarado de producir una fractura geopolítica entre ambas orillas del Mediterráneo. Laminar la unidad geopolítica que garantiza este mar interior, el antiguo Mare Nostrum de los Romanos, es el viejo sueño de todas las potencias marítimas que han tenido relación con el continente europeo: desde los Cartagineses a Gran Bretaña y a los actuales Estados Unidos.

La intención geopolítica de los atlantistas es en consecuencia muy clara: separar el norte de Africa de la Europa meridional a fin de debilitar, política, económica y militarmente la ramificación suroccidental de la masa euroasiática, cortando a esta última la vía de acceso a Africa y a Oriente, asegurando a los USA los recursos que se encuentran en estas dos áreas geográficas.

Es ésta una acción arquetípica y paralela a la que se viene efectuando desde hace algunos años en la zona caucásica, donde residen precisamente poblaciones de cultura preferentemente islámica.
Tres son actualmente los frentes que los USA tiene abiertos contra la masa euroasiática: Balcanes, Mar Mediterráneo, franja caucásica.

La actual islamofobia, su propagación en el mundo occidental, asume pues una eficaz función propagandística precisamente en el contexto de la agresión anglo-americana contra Eurasia.

2.3- LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD OCCIDENTAL

Los europeos occidentales son inducidos, con la excusa del terrorismo islámico y de las tensiones inherentes a la inmigración salvaje, no sólo a odiar a los árabes norteafricanos, para crear las premisas de las que hablamos más arriba, sino también a los musulmanes y a su cohesión cultural y religiosa, el Islam. El objetivo es el de “construir” una compacta identidad “occidental” a costa del Islam, a fin de utilizar a los europeos occidentales en las acciones militares –planificadas para el control de la masa euroasiática- a lo largo de toda la franja que desde la región del Caucáso se extiende hacia el Mediterráneo.

Un franja territorial rica en recursos energéticos (gas y petroleo) pero sobre todo geoestratégicamente importante, tanto desde el punto de vista militar como comercial. Esta vasta zona constituye en realidad un auténtico espacio vital para toda Eurasia, particularmente para Europa occidental y Rusia. Y es ésta una área geográfica cuyos habitantes, recordemosló, forman poblaciones de cultura islámica mayoritariamente.

  1. LA LIBERTAD DE EUROPA ENTRE ZIVILISATION Y NUEVA KULTUR

Así pues, crear fracturas en Eurasia es el objetivo militar de los neocartagineses de Washington y de Londres. En su “delirio de omnipotencia” los atlantistas concentran hoy su atención en las poblaciones islámicas: mañana será el turno de China y entonces se hablará primeramente de la mafia china, después de las peligrosas organizaciones nacional-religiosas chinas y para rematar de no sabemos todavía qué “fundamentalismo “confuciano” o terrorismo “amarillo”.
Hoy para quien tiene en su corazón la libertad de los pueblos, la salvaguardia y el desarrollo de las especifidades raciales, culturales y espirituales, que el mercado global y la “deriva occidentalista” tienden a quebrantar, escarnecer e instrumentalizar, el enemigo es Occidente.

Hoy la liberación de nuestro continente y el despertar de sus más auténticas identidades y de sus más profundas vocaciones pasa por la alianza con las franjas mejores y más válidas del mundo islámico.

Hoy, sólo mediante un entendimiento, paritario y honesto, con las poblaciones islámicas es posible construir una Europa libre y unida.

La alianza con el mundo islámico, como también otras eventuales alianzas (con el mundo ortodoxo, hindú, budista), que responde a las actuales políticas, económicas y militares, no debe sin embargo ser concebida y adoptada en términos meramente pragmáticos.

La alianza con el Islam debe ser realizada principalmente en términos metapolíticos, porque la fase actual de occidentalización de Europa y del mundo entero reclama la movilización de todas las energías disponibles. Y la Kultur islámica, en tanto en cuanto guardiana de una herencia que deriva de la misma tradición primordial, puede aportar una contribución determinante para el renacimiento de Europa, es decir para la afirmación de una nueva Kultur europea tras el largo invierno de la Zivilisation occidental.


NOTAS


[1]
Tahir de la Nive, Les Croisés de l’Oncle Sam: Une Réponse européenne à Guillaume Faye et aux islamophobes.
Préface de
Claudio Mutti.
Postfaces de
Tiberio Graziani et Christian Bouchet
Avatar éditions 220 pages, prix: 21 euros –2002


Fuente: ANTAGONISTAS

Ver también:

Prólogo de Claudio Mutti a Las Cruzadas del Tío Sam

 

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